Fue hace unos años que escuché el episodio de 99% Invisible sobre Fordlandia, el extraño y colosal proyecto de Henry Ford de fundar una plantación de hule en medio del Amazonas brasileño, esto con el fin de no depender de terceros para la materia prima de sus llantas. Esta plantación sería un pueblo y el pueblo se haría al estilo americano en las orillas del Amazonas. Y desde que lo escuché me pareció una historia fascinante y que agrego a todas las historias reales de estas hazañas o intentos de hazañas de someter lo “salvaje” a lo “civilizado”. Claro, creo que estas historias resultan fascinantes porque son las menos comunes, es decir, son en las que el hombre pierde. Vivimos en una era donde si hay algo valioso vamos a encontrar la forma de extraerlo (Avatar no miente).
Pero este no sería un proyecto únicamente económico, sino también ideológico. Para Ford era importante crear un pueblo a la imagen de Estados Unidos y sobre todo a los valores de su empresa, que en ese momento sobresalía por las condiciones laborales y salariales. Habría una iglesia, un hospital, un salón de baile para poder bailar el square dance que Henry Ford amaba. Al parecer a Ford también le encantaban los violines y el “fiddling” que a su vez también es parte de los bailes clásicos del square dance. Según otro artículo que leí, Ford invirtió más dinero que nadie en la música country dado que le atemorizaba la creciente popularidad del jazz cuyos principales exponentes eran personas de color. El artículo menciona que esta postura resulta curiosa dad que al menos en términos laborales, la Ford Motor Company pagaba los mismos sueldos a hombres blancos y de color. Quien sabe…
Sumado a todo esto, la imposición de horarios laborales con los que los pobladores no coincidían, la prohibición del alcohol en el pueblo, las imposiciones de dietas (Ford era vegetariano) fastidiaban a los habitantes. A pesar de haber buenos sueldos, no había realmente muchas cosas que comprar para las poblaciones locales, por lo cual era común que los trabajadores se quedaran un breve periodo y luego nunca regresaran. Ford también falló en su falta de entendimiento de cómo crecer el hule de forma eficiente y cómo responder a sus plagas naturales, terminaron llevando a años de una lucha contra una sociedad y un ecosistema que para ser sometido requeriría de mucha más estrategia de la que Henry Ford pudo concebir desde la comodidad de su hogar, pues toda esta hazaña la hizo sin jamás pisar el Amazonas.
Hoy hay gente que todavía vive en Fordlandia, evidentemente las condiciones no son las mismas de su fundación, mucho son ruinas. Este video muestra un recorrido de su situación actual:
Hace no tanto también había escuchado de los planes que Walt Disney tenía para EPCOT (Experimental Prototype Community of Tomorrow), una comunidad futurística donde habitarían alrededor de 20 mil personas, todas siempre en contacto con todas las nuevas tecnologías, sería, de alguna forma, una sociedad de prueba para el futuro. Todo esto sonaba bien hasta que se le preguntaron a Disney cosas elementales como ¿quién sería la autoridad en esa comunidad? ¿Habría elecciones para los líderes? La respuesta era él, y no, no habría elecciones de ningún tipo, esta sería su pequeña sociedad que existiría fuera del gobierno estatal y tendría sus propias reglas y leyes. Incluso el decorado y amueblado de las casas pasaría a ser elegido en su totalidad por la empresa y no por sus habitantes. Este sueño evidentemente nunca se concretó, EPCOT terminó operando como un parque de diversiones con una temática científica y tecnológica, pero ciertamente no un trozo de la sociedad del futuro. Si quieren ver esta historia completa pueden verla en el canal de Defunctland. En fin, evidentemente estas mentalidades no son insuales en la historia de la humanidad, no hay nada nuevo bajo el sol aquí, solo cambia la figura con el poder para intentar estas hazañas.
Creo que desde que hice el cómic de los dragones de Komodo (pueden leerlo en la parte de cómics, es de el 2020) me he interesado mucho en las dinámicas entre la gente y la naturaleza. Tiempo después hice Manso que igual es de un niño luchando contra su propia animalidad, o más bien, una animalidad activada por una sociedad que lo trata como animal, era una historia sobre cómo encontramos nuestra humanidad y nuestro deber como humanos en medio de tanta rabia. Y bueno, regresando a Henry Ford, ya tenía las ganas de hacer algo al respecto, y me encuentro ensayando mi uso de la acuarela para, con suerte, poder hacer otra novela gráfica pero ahora con este medio. Trato siempre de hacer cosas manejables cuando estoy empezando con una técnica o formato, así es menos difícil desmotivarse y acumular pequeños logros te mantiene ambicioso. Para este cómic me inspiré en los trabajos de dos personas, el primero es Brecht Evens que es un crack alucinante tanto escribiendo historias como dibujándolas con las acuarelas más alucinantes imaginables:
Altamente recomendada esta novela gráfica, The Wrong Place de Brecht Evens.
Y de Joe Kessler, quien con su trazo envidiablemente espontáneo y la manera en la que encima colores me dieron mucha más confianza en ser expresivo con la acuarela más que realista, aunque creo que el cómic final tuvo un poco de ambas.
Windowpane de Joe Kessler, también, un trabajo espectacular.
En un momento pensé en tratar de resumir lo más posible esta historia, pero sentí que tal vez un poema con una reflexión podría tener más impacto, al final no es difícil y diría que es hasta mejor leer en otro lugar una versión más completa de estos acontecimientos, uno no quiere contar una historia que ya esuchó contada de la mejor manera en un podcast de Roman Mars, entonces mejor opté por algunas palabras. Pum, este es mi primer cómic hecho en acuarela, espero que les guste, pueden leerlo aquí