Mi amiga Carla Cohen me escribió para preguntar si podía hacer algo de una página para el próximo número de Pliego 16, la revista de la Fundación para las letras mexicanas. Me dijo que el tema era la magia y la adivinación y rápidamente recordé que en algún lugar había visto una escena de alguien sacándole las vísceras a un pájaro como forma de adivinación. Descubrí que el nombre para esta disciplina es “aruspicina”, la cual parece originarse de los etruscos, civilización de la Italia antigua (según Wikipedia, existieron desde el 900AC) cuya religión giraba principalmente en torno a las enseñanzas de Tages, un niño salido de la tierra que le mostró a los etruscos el arte de la adivinación a través de diferentes métodos.
El uso de la aruspicina se aplicó en Roma incluso unos cien años después de que esta se hubiera convertido al cristianismo en 313 DC, detalle que muestra la importancia de este ritual en la toma de decisiones a pesar de que después se consideraría algo más perteneciente a la brujería.
Uno de los objetos más interesantes que encontré en la investigación fue el hígado de bronce etrusco el cual funcionaba como un diagrama para leer el hígado de los borregos sacrificados. Esta noción de volver las entrañas un texto sobre el porvenir me parece fascinante pues, al igual que los surcos en las palmas de las manos, implicarían que todos cargamos con un mapa del destino que somos incapaces de leer.
Mientras leía sobre el tema otra amiga me contó de su viaje a Perú donde el chico que les rentó el Airbnb les dijo que se sentía mal y tenía que ir a ver a su abuela, quien lo diagnosticó a partir de frotarle un cuyo el cual después mató, desolló y abrió para examinar todos los órganos por separado. Esta es la forma de aruspicina que más se usa hoy en día, chamanes y curanderos utilizan animales pequeños o huevos para determinar la salud de una persona. La idea es que el animal o huevo absorbe el padecimiento, se vuelve un cuerpo espejo que debe sacrificarse para poder explorarse y encontrar el padecimiento.
Esta amiga me envió el video del proceso, que duró unos veinticinco minutos en total y en los cuales se veía a esta mujer en medio de la selva, rodeada de verde, sentada en una banca junto con el nieto, mientras pasaba las yemas de sus dedos sobre los órganos del animal para determinar finalmente que el chico tenía cálculos renales y posiblemente un parásito.
Sólo como idea, es curioso que un procedimiento que solía usarse para conocer el futuro de los imperios terminó por volverse, más humildemente, en un procedimiento para diagnosticar la salud de un individuo.
En cuanto a la historia del cómic como tal, traté de imaginar una forma de postular ciertas ansiedades que podrían surgir para alguien que nunca había tenido un encuentro con este proceso. El final del cómic estaba pensado para cerrar como un cuento pero también dejar una sensación inquietud al postular la pregunta de si nuestro cuerpo puede estar al servicio de otro, y si sí, quién es ese otro. El cuerpo se torna en algo vulnerable, un texto que puede ser leído y más allá de una crítica al sacrificio de animales para diagnosticar pacientes, creo que quiero preguntar qué clase de entidad, ser o grupo podría hacer de nuestro cuerpo un texto a leer de la misma manera que nosotros podemos hacerlo con un cuyo o un canario.
El personaje del padre en el cómic duerme con los brazos abrazando su cuerpo, pienso un poco en una especie de gesto de verguenza, la sensación de haber sido violentado por una mirada que lo recorrió en los rincones de su ser que ni él mismo puede observar. Cuando pensamos en todos los padecimientos que ocurren dentro de nuestro cuerpo y ponen en riesgo nuestra vida, es escalofriante pensar que hay oscuridad dentro de nosotros y en esa oscuridad hay deterioro y se dan las formas que pueden acercanos a la muerte. Pero en este caso en específico es también el comprender que en esa oscuridad yace también el secreto del otro, ¿y qué podría hacer un otro por tener acceso a eso?
Con el paso del tiempo me he vuelto un materialista, materialista en el sentido de que creo que mayor fervor en todo lo material por encima de lo intangible, de ahí que, bajo esta premisa, el cuerpo es de las cosas más sagradas que hay y deja de haber una distinción de persona y cuerpo. Cuando comenzamos a pensar desde el cuerpo el mundo se vuelve un lugar muy distinto, todo tiene sus implicaciones en la carne y por lo tanto en las posibilidades de que este pueda vivir o no. La historia en aruspicina es una de un hombre que parece comprender, de pronto, la vulnerabilidad de su cuerpo y por lo tanto de su existencia, y lo que le queda es la angustia de una intrusión, de una mirada que lo atraviesa y que lo abre y expone la intimidad de los órganos y los músculos y los huesos.