En realidad ahora sería el sueño de antier, pero previo al momento que se narra en este breve cómic de una página, yo me encontraba en un avión con un grupo de hombre armados. Me decían que teníamos que recuperar a una persona en un cierto lugar que posteriormente resultó ser el estacionamiento de un Mcdonald’s. A partir de ahí el ojo que percibía el sueño abandonó mi cuerpo y se desplazó sobre el espacio para producir un zoom muy similar al que hay en la segunda fila de páneles. Creo que es poco lo que se puede decir de esta historia pero me dejó marcado y ese trágico último cuadro me acompañó durante todo el día.
¿Qué pertinencia tienen los sueños en la vida? Hay gente que vive obsesionada con recordarlos, interpretarlos, obtener de ellos un mensaje íntimo descifrable sólo por ellos mismos. Otros asumen que hay un lenguaje universal de símbolos, que el inconsciente habla de manera críptica pero descifrable, esta creencia ha llegado al punto en que en el metro uno puede comprar de los vendedores ambulantes libretos pobremente impresos con un listado de los símbolos y su significado que va desde lo que a uno lo aflige en este punto de su vida (ahogarse = estrés por trabajo) a nociones proféticas (caída de dientes = la muerte de un ser querido). Para mí los sueños son un depósito de todo lo que circula diariamente por la mente, a veces permitiendo que cosas totalmente distantes entre ellas terminen encontrando una cierta poética en su encuentro, otras sólo son absurdas pero no menos entretenidas.
El sueño entonces me llevó a volver a ver uno de mis videos favoritos, en el que Jim Henson, creador de los Muppets y Plaza Sésamo, en una entrevista con Joan Rivers toma a la Rana René y comienza a actuar en personaje. Es un momento mágico porque Henson nunca pretende hacer un acto de ventriloquia en el que parezca que no está moviendo la boca, y la misma Rana René levanta su mano izquierda y le dice a Joan Rivers “puedes ver cómo funciono, mira esto, les estoy mostrando el secreto amigos, el secreto es que está hecho con cables”, Rivers le pregunta “¿Se te llega a olvidar que funcionas con cables?”, la rana responde “es algo surrealista, hablar de cómo estoy hecho, es algo de lo que no hablo muy seguido, ¿y tú?”, Rivers se ríe, “nunca lo hago”. Me conmueve este momento, por más cómico que sea resulta sumamente existencialista esta conversación, me hace regresar a la cuestión de los sueños, de los que tal vez no hablamos tanto o que muy seguido olvidamos, que muestran el repertorio de ideas y emociones que circulan en nuestra mente a pesar de que no los entendemos muy bien pero tal vez revelan algo de cómo funcionamos, los hilos mismos que nos mueven.
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